13 de julio de 2015

El sabor amargo


Me queda el sabor amargo de la ignorancia. De la ignorancia de ti: de no saber, de no decir... de callar. Me quedan el peso sobre mi pecho y el nudo en la garganta. Tenía las palabras entre las manos, pero se convirtieron en humo. No logré atraparlas. Callé. Y mis manos, vacías, sin palabras, sin ti, con la ausencia del abrazo que en algún momento quisieron pedir (robar)... así permanecen. Están quietas, caídas, amargas. Están solas. El nudo en la garganta me permite suspirar y así sigo: vacía, añorante, estúpidamente melancólica.
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