29 de abril de 2011

Beso

Primavera. La apacible brisa acariciaba sus rostros, que sobre aquel césped descansaban.
-Amor, ¿puedo darte un beso? -Su voz, tranquila, dulce, aterciopelada.
-No. -Respondió ella, mirándolo con ternura.
Él no pudo sentirse más desconcertado y, escrutándole los ojos, le preguntó:
-¿Por qué?
-Porque no quiero que me lo pidas. Róbamelo. -Le instó para, acto seguido, lanzarse sobre él cual fiera hambrienta.
Un beso tierno, profundo e irrepetible. Y luego otro. Y otro. Y otro más.
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