23 de enero de 2012

Arcoiris

Estaba sola. Era una tarde de domingo fría, la oscuridad ya le había ganado un pulso a la luz y una pequeña lámpara iluminaba su diario que, empapado de gruesas lágrimas, era su consolación. Escribía deprisa, enfurecida, como si cada palabra fueran golpes contra quienes la habían dañado a lo largo de su vida.
"Prometo no volver a confiar en la persona equivocada, que la elegiré bien como amistad y no daré ninguna oportunidad para que me traicione; estoy segura de que será buena. Prometo no volver a enamorarme de alguien que nunca podría amarme. Prometo no volver a decir "te quiero" si no voy a recibir, al menos, un "y yo" a cambio. Prometo no volver a decir "te amo" si sólo obtendré una sonrisa falsa como respuesta. Prometo no volver a esperar nada a cambio de nadie que nunca me haya demostrado algo primero. Prometo que no voy a cumplir nada de lo que he escrito, porque soy una tonta que cree que todas las personas son buenas. Prometo que cuando me vuelvan a hacer daño volveré a llorar, pero para sonreír justo después."
Cerró el diario y se metió en la cama.
"Mañana será otro día. Saldrá el sol."
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