2 de agosto de 2011

El amor sin hadas

Era una noche fría, con un cielo estrellado y una luna brillante, cuando lo vio por primera vez apoyado contra un árbol de aquel pequeño parque donde muchos jóvenes se recogían en eternas y amenas tertulias. Le gustó. Parecía simpático. Tras conocerse, el encuentro se repitió una y otra vez, sin límites fijados.
La historia se embellecía conforme pasaban los meses. Un día cualquiera, se perdieron en la textura de sus labios, la profundidad de sus bocas y la suavidad de su piel. Y el cuento terminó. No su relación, pero sí el cuento. El cuento de hadas. Los amores y enamorados prefieren saborear la felicidad, tener la certeza de que la romántica historia no conocerá final ninguno, rechazando además cada discusión. Y por ello, ellos siguieron amándose hasta límites insospechados en un final abierto de un bello cuento, pero el otro "ellos" continuó su relación con cada vez más vaga pasión que al principio. Tal vez terminó, tal vez la monotonía se hizo insoportable y estalló. Pero tal vez se casaran y cumplieran las palabras de "hasta que la muerte nos separe", con una sonrisa en los labios, enamorados, jubilosos, aunque los años no los compadeciesen, aunque se viesen demasiado las caras... se querrían.
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